lunes, 15 de junio de 2015

JUVENTUD DE JUAN PABLO II

Adolescencia


En 1935, a los 15 años, Karol ingresó en la “Cofradía Mariana,” una asociación de jóvenes católicos. Tan sólo seis meses después fue elegido presidente de la Cofradía de Wadowice y reelegido al año siguiente. 

Precisamente en el ́35, comenzaron a esparcirse actitudes anti-semíticas por toda Europa, incluyendo Polonia. Jerzy Kluger, amigo del Santo Padre en aquél entonces, recuerda que Lolek trataba incansablemente de razonar con las personas, haciéndoles ver que el anti-semitismo era anti-cristiano. Para él, la seriedad de esta situación se hizo muy clara cuando su amiga judía, Ginka Beer, le anunció que ella y su familia emigrarían a Palestina. Tanto Karol como su padre trataron de persuadirla para que permaneciera en Polonia, afirmándole que no todos los polacos eran anti-Semitas. Afortunadamente, no la pudieron convencer., y vieron a su amiga partir. De haber esperado, probablemente hubiese encontrado su nombre en la lista de deportados de Auschwitz. 

En su juventud, el futuro pontífice fue un alumno sobresaliente en todos sus estudios. En 1938, presentó los exámenes para obtener el diploma del instituto de segunda enseñanza. Recibió las máximas calificaciones en polaco, latín, griego, alemán, historia, filosofía, educación física, y problemas de la Polonia contemporánea. En sus horas libres estudiaba para obtener un diploma en arte dramático. En su último año de secundaria, Karol recibió el Sacramento de la Confirmación, el 3 de Mayo de 1938. El Arzobispo de Cracovia, Adam Stefan Sapieha visitó en ese año la escuela Secundaria de Marcin Wadowita. Karol, siendo el mejor alumno de su clase, fue escogido para darle las palabras de bienvenida. El arzobispo Sapieha, quedó profundamente impresionado con Karol. Al conocerle, preguntó al Padre Zacher si aquél joven no tendría vocación sacerdotal. Éste no sería el último encuentro de Karol Wojtyla con el arzobispo, el cual, junto a la figura de su padre, se convertiría en una gran influencia sobre el sacerdote y futuro pontífice que forjarían el Señor y la Virgen. 

Todos los graduados tenían que cumplir con la obligación de servir en un batallón de trabajo del ejército. Karol fue destinado a la construcción de carreteras, en las montañas al sur de Wadowice. Fue una experiencia de arduo trabajo físico. En el verano de éste año en que terminó la secundaria, él y su padre se fueron a vivir a Cracovia, en el sótano de la casa de su tío materno. 

En el otoño, “Lolek” comenzaría sus estudios en la Universidad Jaguelloniana. Fundada en 1386, se trataba de la institución escolar más altamente respetada en Polonia, con los mayores standards académicos. El joven universitario pronto se adaptó a Cracovia; en el espacio de un mes ya conocía bien la ciudad y se había adaptado a la atmósfera universitaria. Se asoció a un grupo de arte dramático, a varios círculos literarios, y a una sociedad dedicada a la devoción a la Santísima Virgen María. Los primeros viernes asistía a la Santa Misa en la Catedral de Wawel, sede del arzobispo de Cracovia. 

Pronto contaba con muchas amistades, debido a su jovialidad y a su afable personalidad. Sin embargo, sus compañeros de clase le recuerdan siempre por su pureza; nunca formó parte de la vida social en los bares, o en fiestas. A pesar de tener esta rectitud interior y exterior, tampoco sus amigos detectaban en él una actitud de juicio. Karol simplemente era movido por otras “pasiones,” intelectuales y a la vez “románticas.” Aunque la mayoría del tiempo en la universidad se encontraba rodeado de amigos, también se percibía en él un cierto aire de soledad, de “bohemio.” Además de su fuerte inclinación teatral, Karol sentía un gran amor por la poesía, escribió en éste género literario durante más de cuarenta años, desde sus tiempos de estudiante hasta su elevación al papado, en 1978.

El 1 de Septiembre de 1939, Lolek se encontraba en la Catedral de Wawel asistiendo al Padre Figlewicz en la Santa Misa. Eran ellos los únicos presentes, pues en ese día se había dado una advertencia de defensa civil a todos los ciudadanos, los cuales permanecieron en sus casas. De repente la Iglesia comenzó a temblar: los aviones Nazis volaban bajo, abriendo fuego sobre la ciudad de Cracovia. Una vez terminada la Misa, Lolek salió diligentemente hacia la casa de sus amigos, la familia Kydrynski. Julius Kydrynski atestigua que Lolek permanecía con mucha calma en medio del pánico, su fortaleza irradiaba de tal forma que infundía calma en los que le veían. Los polacos corrían a proteger a sus seres queridos en medio del ruido y el tiroteo de los aviones, mientras que al mismo tiempo, entraban en la ciudad 2,500 tanques de guerra alemanes.

Las tropas alemanas atacaban desde el Oeste, y por ello, los ciudadanos de Cracovia comenzaron a evacuar la ciudad yéndose hacia el este; ajenos al hecho de que Rusia planeaba atacarles por ese flanco. Familias enteras huían a pie, cargando con sus más preciadas posesiones, y algunos animales. 

Habiendo ayudado a los Kydryndkis, Lolek se apresuró al encuentro de su padre, y junto a él se incorporó a la evacuación masiva. Caminaron todos unas cien millas hacia el este… Sin embargo, al llegar, se encontraron con la “Milicia Roja” de Rusia. Sintiendo el peso de la opresión en sus corazones, tuvieron que caminar de regreso hacia su pequeño sótano, donde sólo les quedaba esperar.

Los alemanes y los rusos se dividieron Polonia, apropiándose del oeste y del este, respectivamente. Designaron una zona central de “Gobierno General,” en la que se encontraba Cracovia. Wadowice pasó a ser parte de Alemania, como también lo sería la pequeña ciudad de Oswiecim, en alemán llamada Auschwitz. Honrando su tratado de defensa con Polonia, Inglaterra declaró guerra a los alemanes, pero era demasiado tarde, la invasión había sido una estrategia perfecta. La Segunda Guerra Mundial había comenzado, y sólo hasta el momento de la invasión alemana de Francia, se convirtió en una guerra activa y no sólo “de palabras.”

La situación en el país preocupaba al joven Wojtyla. Se impuso a todos los polacos entre 18 y 60 años de edad, la “obligación de trabajo público” (forzoso). Los judíos, a partir de los 12 años, serían escogidos para desempeñar los trabajos más crueles y penosos. La catedral de Wawel fue cerrada después de que el arzobispo Sapieha celebrara en ella la última Misa el 29 de octubre de 1939. La mayoría de las iglesias en Polonia fueron clausuradas, y tanto sacerdotes como religiosos eran deportados a los campos de concentración. Durante la ocupación nazi, Polonia sufrió la pérdida de 1,932 sacerdotes, 850 monjes y 289 religiosas. Las festividades de la Iglesia fueron anuladas y se prohibió que se rezara en público a la Virgen Negra de Czestochowa. 

Los alemanes no tenían como fin la simple ocupación de Polonia, sino más bien destruirla por completo. Comenzaron este proceso movilizando 1.2 millones de polacos y 300,000 judíos hacia la “zona de gobierno general.” De tal forma, la destrucción de éstas vidas se llevaría a cabo de una forma rápida. Los Rusos tenían otro objetivo: en un espacio de dos años desplazaron forzosamente a más de 1.5 millones de polacos, a campos de concentración en Siberia. 

La Universidad Jaguelloniana fue cerrada permanentemente. Las autoridades alemanas habían convocado a los profesores de la misma a una conferencia, y todos los que acudieron (un total de 186 personas), fueron detenidos y deportados a un campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburg, en Alemania. Karol, junto con un grupo de jóvenes, se vieron obligados a organizar una Universidad clandestina. El teatro polaco también fue estrictamente prohibido, por lo tanto, las obras que él y sus amigos organizaban también fueron llevadas a cabo en secreto. En numerosas ocasiones el apartamento de los Kydrynskis sirvió de escenario para producciones dramáticas, con las cuales literalmente se jugaban la vida. Durante ese tiempo el futuro Papa escribió numerosos poemas, tres obras dramáticas, y tradujo la obra de Sófocles: Edipo Rey, del griego al polaco. 

Las autoridades Nazis se fueron deshaciendo de los líderes religiosos, intelectuales y políticos del país. Todos los ciudadanos polacos debían de llevar consigo una tarjeta “Ausweiss,” la cual se les otorgaba a aquéllos quienes desempeñaban trabajos aprobados por los alemanes. Karol Sr., tenía más de 60 años y su pensión militar fue suspendida. Lolek y sus amigos comenzaron a trabajar en una cantera en Zarzowek, donde se producía sosa cáustica, un ingrediente para explosivos. Su empleo consistía en cargar piedra caliza calcinada, y otras veces trabajaba en las líneas ferroviarias. La experiencia adquirida en este lugar influyó muchísimo en la filosofía social y política del futuro Papa. Su vida era sumamente dura, y en medio de la extenuación física el sufrimiento llamó a la puerta de su corazón una vez más… 

En la tarde del 18 de febrero de 1941, al entrar en el sótano con medicamentos y la cena para esa noche, Karol encuentra a su padre muerto. Había fallecido de un ataque al corazón a los 62 años de edad. A la mañana siguiente, Karol se muda con la familia Kydrynski, incapaz de soportar la soledad y la ausencia de su papá en la calle Tyniecka. María Kydrynska recuerda que Lolek la abrazó llorando, y en medio de su dolor pronunció éstas palabras: ̈No estuve con mi padre al momento de su muerte.̈. El 22 de febrero fueron enterrados sus restos en el cementerio militar de Cracovia. El joven Wojtyla comenzó a visitar el cementerio todos los días al salir de su trabajo en la cantera. Un compañero suyo, quien es ahora sacerdote, el Padre Malinski, comenta que la situación de su amigo era tanto preocupante, pues su aflicción era sobrecogedora. Pero hubo alguien que le ayudó a “recuperar el equilibrio,” y que le encaminó hacia el sacerdocio: Jan Leopold Tyranowski.

Tyranowski era un sastre a quien Karol conoció la tarde de un sábado, en el año 1940, en la iglesia parroquial de los padres salesianos de San Estanislao Kostka. Lolek se encontraba allí para participar de un grupo de oración de jóvenes llamado “el Rosario Viviente.” El joven Wojtyla encontró en Tyranowski un mentor religioso que le guiaría en el camino de un profundo misticismo, siguiendo la espiritualidad de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila. Muchas veces oraban, caminando juntos hacia la cantera donde trabajaba Lolek. Fue una amistad que no duraría más que siete años, pues en marzo de 1947, Tyranowski murió de una grave infección. Sufrió dolores terribles y hubo que amputarle un brazo, lo cual le causó sordera, tres días antes de su muerte. En 1949, Karol, siendo ya sacerdote, diría acerca de este gran amigo suyo, que había sido un hombre que “había probado que no sólo se puede saber de Dios, sino que se puede vivir a través de Dios.”

Durante su estancia con los Kydrynskis, Karol pudo cambiar de empleo, pasando a la fábrica de Borek Falecki, en la cual las condiciones de trabajo eran mucho mejores. En el verano de 1941 también recibe la grata sorpresa de tener muy cerca a su amigo y mentor teatral, Karol Kotlarczyk, quien huye de Wadowice a Cracovia junto con su esposa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario