Ez.34:11.23-24: “Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por
él; Yo suscitaré para ponérselo al frente, un solo pastor que lo
apacentará”
Recién cumplidos los veintidós años, Karol pudo participar de
una peregrinación a Czestochowa junto a otros once jóvenes. Los
alemanes sólo permitían peregrinos en grupos muy reducidos. A
escondidas de los nazis, todos ellos hicieron un juramento ante
la imagen de la Santísima Virgen: “Nosotros, la juventud
académica polaca, en inflexible defensa del Espíritu Santo, con
fe en un mañana mejor, declaramos nuestro juramento en la
Montaña Luminosa, llenos de admiración ante el juicio de la
Providencia.”
En septiembre de ese mismo año, Karol le pide a su amigo
Kotlarczyk que no le asigne más papeles en las representaciones
teatrales, explicándole que quería hacerse sacerdote e ingresar
en un seminario secreto. Dicho seminario comenzó a funcionar
bajo el arzobispo Sapieha, en octubre del mismo año. Se corrían
altos riesgos, pues ser detenido como seminarista secreto,
automáticamente significaba ser deportado a un campo de
concentración.
Los estudiantes del seminario se levantaban cada mañana a las
seis, tenían una hora de oración, y a continuación la
celebración de la Santa Misa a las siete. Seguidamente
desayunaban y tenían clase desde las 8:15 de la mañana hasta el
mediodía. En la tarde tenían tiempo de adoración ante el
Santísimo Sacramento, y a las 6:30 recibían una conferencia
espiritual, impartida por el padre Smolénski o el arzobispo
Sapieha. Más tarde cenaban y tenían un tiempo de oración
nuevamente a las 8:15. Se confesaban una vez por semana y
participaban regularmente de retiros espirituales. Karol Wojtyla
se destacaba por sus cualidades intelectuales y por su piedad.
La vida en el seminario transcurría ocultamente, pero en el
orden de Dios, hasta que en Enero de 1945, los alemanes se
vieron forzados a abandonar la ciudad de Cracovia bajo el ataque
de Rusia. Con esta nueva ocupación los seminaristas tuvieron la
oportunidad de retomar el antiguo seminario cerca del Castillo
de Wawel. Sin embargo, pronto descubrieron que los nuevos
ocupantes rusos llevarían a cabo brutales persecuciones contra
los católicos. Polonia, al final de la Segunda Guerra mundial,
no vio una restauración de la libertad, sino que más bien pasó a
ser víctima del totalitarianismo comunista de Stalin.
La Universidad Jaguelloniana resurgió, y consecuentemente, Karol
pudo completar su tercer año de teología, comenzando su cuarto y
último año en el otoño de 1945. En todos sus escritos escolares,
el jóven Wojtyla escribía: “a Jesús por María,” o “Jesús, María
y José.” Su devoción y admiración por san Juan de la Cruz
incrementó, y a raíz de ello, comenzó a estudiar la lengua
española para así poder leer los escritos originales del gran
místico Carmelita. De hecho, Karol discernía seriamente si debía
de entrar a un monasterio carmelita de Czerna. Presentó su
inquietud vocacional al arzobispo Sapieha, el cual le contestó:
“Primero haz de terminar lo que has comenzado,” al escuchar
estas palabras, Karol no insistió más en la idea.
Poco tiempo después de la guerra, Karol conoció la historia
sacrificial del sacerdote Maximiliano María Kolbe, en Auschwitz.
El mártir franciscano que había dado la vida por un compañero de
prisión, se convirtió en su modelo sacerdotal: aquél que vivió
su condición sacramental como un “alter Christus” (otro Cristo).
Éste ideal les fue inculcado a todos en el seminario, a través
del conocimiento de la vida del mártir, y del rezo de las
letanías de Nuestro Señor Jesucristo, Sacerdote y Víctima. Estas
letanías les ayudaban a entender que el morir a uno mismo, es la
cruz de la vocación cristiana vivida seriamente, y en especial,
la cruz de la vocación del sacerdote.
En febrero de 1946, el arzobispo Sapieha es nombrado Cardenal
por el Papa Pío XII. De regreso a Cracovia, desea enviar a sus
mejores sacerdotes a Roma, y decide que Karol debería comenzar
su doctorado en teología en el “Angelicum,” Sapieha acelera su
ordenación con éste propósito, y también, debido a la
persecución y riesgos políticos en Polonia.
El 1ro de noviembre de 1946, Karol Wojtyla es ordenado sacerdote
por el cardenal Sapieha en la capilla privada del mismo. Recibió
una distinción especial, permitiéndosele celebrar su primera
misa en la cripta de San Leonardo, en la Catedral de Wawel. Dado
que era el día de Todos los Santos, pudo celebrar tres misas
“mudas,” por el alma de su madre, de su padre y de su hermano, a
las cuales asistieron todos los miembros del Teatro Rapsódico.
El 15 de noviembre Karol se despide de sus seres queridos y se
traslada a Roma, ciudad de la cual se enamoró completamente. A
petición del Cardenal Sapieha, tanto él como su amigo sacerdote
y acompañante Starowiesky, comenzaron a vivir en el Colegio
Belga. Tuvo la oportunidad y la gracia particular de conocer a
Su Santidad Pío XII en una audiencia privada concedida a los
estudiantes del colegio. Durante estos años de estudio estuvo
bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, uno de
los principales teólogos del siglo. El mismo, le tutelaba así
como lo hubiera hecho Tyranowski años antes. Presentó la tesis
de su doctorado en 1948, titulada: “La fe según San Juan de la
Cruz.”
Ese mismo año regresa a Polonia, pasando a ser vicario de
diversas parroquias en Cracovia, y capellán de los
universitarios hasta el año 1951. Continuó estudiando teología y
filosofía en la Universidad Católica de Lublin, presentando otra
tesis en 1953: “Valoración de la posibilidad de fundar una ética
católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler,” Más
tarde fue profesor de Teología Moral y Ética Social en el
seminario mayor de Cracovia y en la facultad de teología de
Lublin. También accedió a enseñar en los seminarios de Katowice
y Czestochowa, y daba conferencias en San Florián y en el
convento de las Hermanas Ursulinas en Cracovia. Debido a la
multitud de responsabilidades, se veía obligado a viajar a
diario, llevando una vida muy agitada. En la actualidad
conocemos la fecundísima vida apostólica del Santo Padre, y
desde este punto de vista podemos contemplar cómo el Señor iba
preparando el corazón y los eventos en la vida de Karol Wojtyla,
para que llegara a ser el gran Pontífice que tuvimos.
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