lunes, 15 de junio de 2015

VOCACIÓN SACERDOTAL DE JUAN PABLO II

El “sacerdocio secreto” de Karol Wojtyla

Ez.34:11.23-24: “Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él; Yo suscitaré para ponérselo al frente, un solo pastor que lo apacentará”


Recién cumplidos los veintidós años, Karol pudo participar de una peregrinación a Czestochowa junto a otros once jóvenes. Los alemanes sólo permitían peregrinos en grupos muy reducidos. A escondidas de los nazis, todos ellos hicieron un juramento ante la imagen de la Santísima Virgen: “Nosotros, la juventud académica polaca, en inflexible defensa del Espíritu Santo, con fe en un mañana mejor, declaramos nuestro juramento en la Montaña Luminosa, llenos de admiración ante el juicio de la Providencia.”

En septiembre de ese mismo año, Karol le pide a su amigo Kotlarczyk que no le asigne más papeles en las representaciones teatrales, explicándole que quería hacerse sacerdote e ingresar en un seminario secreto. Dicho seminario comenzó a funcionar bajo el arzobispo Sapieha, en octubre del mismo año. Se corrían altos riesgos, pues ser detenido como seminarista secreto, automáticamente significaba ser deportado a un campo de concentración. 

Los estudiantes del seminario se levantaban cada mañana a las seis, tenían una hora de oración, y a continuación la celebración de la Santa Misa a las siete. Seguidamente desayunaban y tenían clase desde las 8:15 de la mañana hasta el mediodía. En la tarde tenían tiempo de adoración ante el Santísimo Sacramento, y a las 6:30 recibían una conferencia espiritual, impartida por el padre Smolénski o el arzobispo Sapieha. Más tarde cenaban y tenían un tiempo de oración nuevamente a las 8:15. Se confesaban una vez por semana y participaban regularmente de retiros espirituales. Karol Wojtyla se destacaba por sus cualidades intelectuales y por su piedad. La vida en el seminario transcurría ocultamente, pero en el orden de Dios, hasta que en Enero de 1945, los alemanes se vieron forzados a abandonar la ciudad de Cracovia bajo el ataque de Rusia. Con esta nueva ocupación los seminaristas tuvieron la oportunidad de retomar el antiguo seminario cerca del Castillo de Wawel. Sin embargo, pronto descubrieron que los nuevos ocupantes rusos llevarían a cabo brutales persecuciones contra los católicos. Polonia, al final de la Segunda Guerra mundial, no vio una restauración de la libertad, sino que más bien pasó a ser víctima del totalitarianismo comunista de Stalin. 

La Universidad Jaguelloniana resurgió, y consecuentemente, Karol pudo completar su tercer año de teología, comenzando su cuarto y último año en el otoño de 1945. En todos sus escritos escolares, el jóven Wojtyla escribía: “a Jesús por María,” o “Jesús, María y José.” Su devoción y admiración por san Juan de la Cruz incrementó, y a raíz de ello, comenzó a estudiar la lengua española para así poder leer los escritos originales del gran místico Carmelita. De hecho, Karol discernía seriamente si debía de entrar a un monasterio carmelita de Czerna. Presentó su inquietud vocacional al arzobispo Sapieha, el cual le contestó: “Primero haz de terminar lo que has comenzado,” al escuchar estas palabras, Karol no insistió más en la idea. 

Poco tiempo después de la guerra, Karol conoció la historia sacrificial del sacerdote Maximiliano María Kolbe, en Auschwitz. El mártir franciscano que había dado la vida por un compañero de prisión, se convirtió en su modelo sacerdotal: aquél que vivió su condición sacramental como un “alter Christus” (otro Cristo). Éste ideal les fue inculcado a todos en el seminario, a través del conocimiento de la vida del mártir, y del rezo de las letanías de Nuestro Señor Jesucristo, Sacerdote y Víctima. Estas letanías les ayudaban a entender que el morir a uno mismo, es la cruz de la vocación cristiana vivida seriamente, y en especial, la cruz de la vocación del sacerdote. 

En febrero de 1946, el arzobispo Sapieha es nombrado Cardenal por el Papa Pío XII. De regreso a Cracovia, desea enviar a sus mejores sacerdotes a Roma, y decide que Karol debería comenzar su doctorado en teología en el “Angelicum,” Sapieha acelera su ordenación con éste propósito, y también, debido a la persecución y riesgos políticos en Polonia. 

El 1ro de noviembre de 1946, Karol Wojtyla es ordenado sacerdote por el cardenal Sapieha en la capilla privada del mismo. Recibió una distinción especial, permitiéndosele celebrar su primera misa en la cripta de San Leonardo, en la Catedral de Wawel. Dado que era el día de Todos los Santos, pudo celebrar tres misas “mudas,” por el alma de su madre, de su padre y de su hermano, a las cuales asistieron todos los miembros del Teatro Rapsódico. 

El 15 de noviembre Karol se despide de sus seres queridos y se traslada a Roma, ciudad de la cual se enamoró completamente. A petición del Cardenal Sapieha, tanto él como su amigo sacerdote y acompañante Starowiesky, comenzaron a vivir en el Colegio Belga. Tuvo la oportunidad y la gracia particular de conocer a Su Santidad Pío XII en una audiencia privada concedida a los estudiantes del colegio. Durante estos años de estudio estuvo bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, uno de los principales teólogos del siglo. El mismo, le tutelaba así como lo hubiera hecho Tyranowski años antes. Presentó la tesis de su doctorado en 1948, titulada: “La fe según San Juan de la Cruz.” 

Ese mismo año regresa a Polonia, pasando a ser vicario de diversas parroquias en Cracovia, y capellán de los universitarios hasta el año 1951. Continuó estudiando teología y filosofía en la Universidad Católica de Lublin, presentando otra tesis en 1953: “Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler,” Más tarde fue profesor de Teología Moral y Ética Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de teología de Lublin. También accedió a enseñar en los seminarios de Katowice y Czestochowa, y daba conferencias en San Florián y en el convento de las Hermanas Ursulinas en Cracovia. Debido a la multitud de responsabilidades, se veía obligado a viajar a diario, llevando una vida muy agitada. En la actualidad conocemos la fecundísima vida apostólica del Santo Padre, y desde este punto de vista podemos contemplar cómo el Señor iba preparando el corazón y los eventos en la vida de Karol Wojtyla, para que llegara a ser el gran Pontífice que tuvimos. 

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